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La Libertad del Pasado

… pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta…

Una mejor interpretación sería NO RECORDANDO LO QUE QUEDA ATRÁS . Dios mismo nos dice en Isaías 43:25 “Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor a mí mismo, y NO ME ACORDARÉ de tus pecados”. El no recordar el voluntario, pero el olvido es una enfermedad. De modo que es correcto cuando decimos: “Yo perdono, pero no olvido”.

El texto no abre la puerta a la ingratitud. Hay eventos o personas que no pueden ni deben olvidarse. ¿Cómo olvidar el día de mi boda, el nacimiento del primer hijo, mi graduación, el fallecimiento de un ser querido, personas que nos han bendecido en la niñez, juventud y de adultos y más aún, mi propia experiencia de salvación?

Lo que no debemos recordar es todo aquello del pasado que nos perjudica y mancha el presente o el futuro. Debemos subrayar que Dios al perdonarnos no incluye consecuencias, compromisos o responsabilidades. Él perdona mi acción, pero me toca a mi pagar y restaurar. Un buen ejemplo es el caso de Zaqueo (Lucas 19:8). La muestra que al salvación había llegado a su casa y a si vida era su deseo de pagar lo robado.

No debemos recordar ni desear regresar de donde Dios nos sacó. Éste era el pecado que el pueblo de de Israel cometía al murmurar y desear lo que había dejado en Egipto. Ésta acción les impedía avanzar y proseguir adelante hacia la meta que Dios les había fijado.

Recordemos lo que Cristo hizo por nosotros en su muerte y veamos nuestros pecados clavados en la cruz… siendo exhibidos públicamente y triunfando sobre ellos en la cruz (Colosenses 2:13-15).